lunes, 25 de febrero de 2008

VALORES SOCIALES


En un ejercicio de reflexión futurista cuyo principal objetivo sería predecir el universo axiológico de los Laboyanos en el horizonte 2028, es decir, el conjunto de valores sociales a los que previsiblemente se adscriban en el transcurso de los próximos 20 años, la tensión y tentación normativa que afectan a la tarea es insoslayable. El hecho mismo de que los valores sociales representen, en último término, criterios de preferibilidad o deseabilidad mediante los que se definen y distinguen el bien del mal, lo bueno de lo malo, lo bello de lo feo, o lo justo de lo injusto, en suma, el “deber ser” del “ser”, obliga a que la resolución de la tarea aboque en la construcción de un ideal.

Así pues, haciendo de la necesidad virtud, el ejercicio de prognosis social que aquí se presenta puede interpretarse literalmente como una reflexión acerca de algunos contenidos que debieran inspirar el nuevo ideal Laboyano, contenidos claves en el desarrollo de un nuevo proyecto cultural desde el que Pitalito aborde, con una clara conciencia de sí, las decisiones que habrá de tomar en las múltiples encrucijadas que aparecerán en la senda sobre las que caminará hacia el futuro. En un contexto de cambio social y de incertidumbre generalizada es imprescindible saber hacia dónde se quiere ir y a dónde se desea llegar.

El ejercicio prospectivo no tendrá la vana pretensión de fijar definitivamente los valores de una necesaria actualización del ideal Laboyano. Tan sólo constituye una propuesta que pretenda, eso sí, estimular el debate cultural en torno a la configuración de un nuevo universo axiológico y de un nuevo ideal. En el trabajo deberán estar presente dos partes. En la primera, se expondrán las tres claves constitutivas de este nuevo proyecto cultural, esto es, las tres grandes corrientes de cambio que deberían inspirar el futuro desarrollo de la Comunidad Laboyana. En la segunda se seleccionará un cuerpo más específico de valores sociales que creamos sean imprescindibles para el desarrollo de Pitalito.

Antes de iniciar la reflexión sobre los valores a los que se adscribirán los Laboyanos en el próximo futuro, es necesario realizar algunas advertencias previas. La verdadera adscripción a valores no comporta tan sólo la epidérmica expresión de opiniones valorativas cuando las personas hablamos y discutimos acerca de lo bueno y de lo malo, de lo deseable y de lo indeseable. Debe implicar ante todo cambios reales en nuestros comportamientos. Una cosa es la expresión del valor, y otra bien distinta su realización práctica. Así mismo, el grado de adscripción de una sociedad a determinados valores no puede establecerse exclusivamente por el grado en que los individuos ajustan su comportamiento a los imperativos de ese valor. No basta, como sostenía Weber, que los individuos sean racionales, es necesario que la sociedad haya institucionalizado la racionalidad en el funcionamiento del sistema social.

En este sentido, nos gustaría advertir del peligro implícito de una interpretación meramente culturalista del cambio cultural que aquí se propone. Un verdadero cambio cultural sólo llega a imponerse mediante un verdadero cambio social. En concreto, podríamos predecir una tendencia claramente positiva en el cambio cultural de la sociedad Laboyana, si consideráramos exclusivamente la mera adhesión expresiva a los valores incluidos en este proyecto de modernización cultural. Ahora bien, la predicción no podría ser tan optimista si observamos el grado en que tanto los comportamientos individuales como las estructuras sociales se ajustan a los requerimientos prácticos de cada valor. El peligro para Pitalito, en este caso, estriba en que los discursos, las palabras, las opiniones y todo tipo de soflamas ideológicas encubran un realmente pobre avance en la realización tanto individual como societaria de los valores. Aquí encontrará Pitalito su mayor reto: en el coraje y en la capacidad que demuestre para realizar verdaderos cambios culturales, depende de los aportes que hagamos cada uno de nosotros.

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